{"id":6318,"date":"2018-10-02T18:24:39","date_gmt":"2018-10-02T21:24:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.amazoniasocioambiental.org\/?p=6318"},"modified":"2018-10-03T14:25:29","modified_gmt":"2018-10-03T17:25:29","slug":"colombia-le-dice-adios-a-sus-selvas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/radar\/colombia-le-dice-adios-a-sus-selvas\/","title":{"rendered":"Colombia le dice adi\u00f3s a sus selvas"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\"><p>[vc_row][vc_column][vc_column_text]<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Publicado en: El Espectador<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">30 de Septiembre de 2018<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Por: Sergio Silva Numa \/ Helena Calle<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]<\/p>\n<div class=\"node-teaser field field--name-field-teaser field--type-text-long field--label-hidden\">\n<p>El 70% de la deforestaci\u00f3n en este pa\u00eds se concentra en la Amazon\u00eda y, desde la salida de las FARC, esta aument\u00f3 44%. Un equipo period\u00edstico viaj\u00f3 a algunas regiones y document\u00f3 c\u00f3mo la miner\u00eda ilegal y los incendios forestales para la venta de tierras est\u00e1 acelerando la destrucci\u00f3n de los bosques colombianos.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"node-image field field--name-field-main-picture field--type-image field--label-hidden\">\n<div class=\"ds-1col file file-image file-image-jpeg view-mode-article clearfix\">\n<div class=\"group-caption field-group-div caption\"><span class=\"description\">Los incendios forestales del Guaviare, que afectaron cerca de 20.000 hect\u00e1reas en los tres primeros meses de 2018, alertaron a las autoridades. La gravedad de la situaci\u00f3n llev\u00f3 a la creaci\u00f3n de un \u201ccentro de operaciones\u201d para coordinar al Ej\u00e9rcito, la Fiscal\u00eda y las autoridades ambientales.\u00a0<\/span><span class=\"author\">Ministerio de Ambiente de Colombia<\/span><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"node-body content_nota field field--name-body field--type-text-with-summary field--label-hidden\">\n<p>Cada tres meses Colombia recibe malas noticias sobre sus bosques. En boletines de dos o tres p\u00e1ginas el Instituto de Hidrolog\u00eda, Meteorolog\u00eda y Estudios Ambientales (Ideam) advierte lo que ya se ha vuelto un lugar com\u00fan: el pa\u00eds est\u00e1 acabando con sus selvas.<\/p>\n<p>Los puntos rojos con los que se\u00f1ala los principales focos de deforestaci\u00f3n var\u00edan en estos documentos. A veces est\u00e1n ubicados en el suroeste o al norte, cerca a Venezuela. En ocasiones, se trasladan a las faldas de la cordillera andina o a alg\u00fan municipio del Pac\u00edfico. Pero siempre est\u00e1n en la Amazon\u00eda. Es como si una epidemia se hubiese extendido arrasando miles de hect\u00e1reas de bosques y fuese imposible contenerla.<\/p>\n<p>Solo el a\u00f1o 2016 desaparecieron 178.597 hect\u00e1reas. Es como derrumbar de un tajo poco m\u00e1s de la mitad de la ciudad de Lima o destruir en un a\u00f1o toda Bogot\u00e1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>El mal del Pac\u00edfico<\/strong><\/h2>\n<p>Para llegar a R\u00edo Quito, en el centro del departamento de Choc\u00f3, una de las regiones colombianas m\u00e1s afectadas por la miner\u00eda ilegal de oro, hay que tomar un bote en una playa sucia y deshecha de Quibd\u00f3, la capital. Los US $20 que pagamos luego de atravesar una calle de tierra h\u00fameda y casas de madera nos garantizan un puesto en un bote con motor. En las tablas agrietadas que hacen las veces de sillas se acomodan 15 personas. A veces 20. Algunas alcanzan a refugiarse por completo bajo la lona; otras deben soportar el sol abrasador del Pac\u00edfico mientras la barca se aleja de Quibd\u00f3. Navegamos lentamente contra la corriente del Atrato, el r\u00edo m\u00e1s caudaloso de Colombia.<\/p>\n<p>El recorrido tarda cerca de una hora y es el mejor ejemplo que encuentra Freddy Palacios, un l\u00edder de la comunidad, para explicar por qu\u00e9, desde el 2017, su municipio comenz\u00f3 a aparecer con frecuencia en los boletines de deforestaci\u00f3n del Ideam. Hace una d\u00e9cada, dice, para hacer ese mismo viaje se necesitaban unas tres horas y no hab\u00eda m\u00e1s remedio que armarse de paciencia mientras la lancha iba dejando pasajeros en caser\u00edos de calles empolvadas. Desde entonces, las cosas comenzaron a cambiar cuando el rumor de la existencia de oro lleg\u00f3 a o\u00eddos de mineros brasileros, peruanos y venezolanos. A medida que los precios del metal sobrepasaban los l\u00edmites hist\u00f3ricos en el mercado internacional, las retroexcavadoras fueron adentr\u00e1ndose en la selva de R\u00edo Quito.<\/p>\n<p>Poco a poco, con la protecci\u00f3n de grupos paramilitares, empezaron a morderla y remover las orillas de los r\u00edos. No hay un c\u00e1lculo preciso del impacto, pero el cauce hoy est\u00e1 deformado. Se han abierto m\u00faltiples caminos para navegar, en los que hasta el barquero m\u00e1s diestro se puede extraviar.<\/p>\n<p>En su bote a motor Freddy nos lleva entre innumerables mont\u00edculos de arena y extensos lodazales. No es f\u00e1cil sortearlos. Nos perdemos m\u00e1s de una vez y encallamos en varias ocasiones. A \u00e9l no le queda otra alternativa que bajarse y empujar el bote con el agua hasta la cintura.<\/p>\n<p class=\"rtecenter\">En R\u00edo Quito, Choc\u00f3, la miner\u00eda ilegal de oro empez\u00f3 a destrozar los bosques del departamento desde principios de este siglo. Buscadores de oro brasileros, venezolanos y peruanos llegaron buscando riquezas. Foto Cortes\u00eda Alcald\u00eda de R\u00edo Quito.<\/p>\n<p>De 28 a\u00f1os, lomo ancho y piel negra, poco le importa lo que le han advertido cient\u00edficos a los m\u00e1s de ocho mil habitantes de R\u00edo Quito: el agua est\u00e1 llena de mercurio y es mejor evitarla. \u201c\u00bfC\u00f3mo vamos a hacerlo?\u201d, pregunta ri\u00e9ndose. \u201cSiempre hemos vivido del r\u00edo\u201d.<\/p>\n<p>Aunque las ansias de oro llegaron hace varios siglos al territorio chocoano, las dragas que arribaron a principios del XXI aceleraron la destrucci\u00f3n de bosques a un ritmo vertiginoso. Mientras que en el 2001 las hect\u00e1reas arrasadas por la miner\u00eda llegaban a 637 en Choc\u00f3, en el 2014 esa cifra hab\u00eda crecido de manera inquietante: 24.450 hect\u00e1reas. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, la destrucci\u00f3n de 40 mil hect\u00e1reas (de los 8 millones de hect\u00e1reas de bosques h\u00famedos que tienen) revelaba que el problema se estaba saliendo de las manos.<\/p>\n<p>\u00abSi usted hubiera venido veinte o treinta a\u00f1os antes \u2014nos dice un poblador de R\u00edo Quito que prefiere mantenerse en el anonimato\u2014, hubiera encontrado un r\u00edo con \u00e1rboles frutales de lado a lado. Naranjas, pl\u00e1tanos, boroj\u00f3, chontaduro. Hab\u00eda de todo. No \u00e9ramos ricos, pero ten\u00edamos para comer. A veces ech\u00e1bamos un racimo de pl\u00e1tanos o de lo que fuera en la canoa y en cualquier caser\u00edo lo cambi\u00e1bamos por otras frutas o por pescado. Pero eso hace rato se acab\u00f3\u201d.<\/p>\n<p>Antes de que se acabara, los hombres de R\u00edo Quito tambi\u00e9n sol\u00edan adentrarse en la selva por una o dos semanas para extraer madera con hachas y machetes para luego venderla en Quibd\u00f3. \u201cEra un modo de subsistencia, pero ahora las retroexcavadoras tumban los \u00e1rboles con maquinaria para que los brasileros construyan las dragas. Con esos aparatos remueven toda el agua y la tierra en busca de oro\u201d, dice Freddy mientras se\u00f1ala una draga corro\u00edda por el tiempo. Es una construcci\u00f3n de tablones y varas de hierro sobre el r\u00edo Quito que tiene la altura de un edificio de tres pisos. All\u00ed suelen trabajar d\u00eda y noche unas quince o veinte personas. No descansan hasta que los tubos succionan toneladas de lodo que el mercurio luego les ayuda a convertir en gramos de oro.<\/p>\n<p>En R\u00edo Quito recibieron la \u00faltima amenaza a mediados de febrero de 2018. Estaba firmada por un grupo de disidentes de las FARC.<\/p>\n<p>El escenario de este municipio que, seg\u00fan el \u00faltimo censo, es el lugar con el porcentaje m\u00e1s alto de necesidades b\u00e1sicas insatisfechas (98%), se repite en varios puntos de Colombia. La lista es larga pero las desoladoras im\u00e1genes del sur de Bol\u00edvar, del norte del Cauca y del oriente antioque\u00f1o tambi\u00e9n muestran c\u00f3mo la obsesi\u00f3n por el oro y la falta de regulaci\u00f3n estatal (seg\u00fan el Gobierno, cerca de 80% de la extracci\u00f3n del mineral se hace manera ilegal) han acabado con miles de hect\u00e1reas de bosque.<\/p>\n<p>En todos hay cr\u00e1teres de lodo y trabajadores buscando pepitas doradas. La mayor\u00eda de los que se oponen han recibido algunas veces amenazas de grupos paramilitares que llegan en forma de folletos bajo las puertas de las casas o con llamadas o de mensajes de texto.<\/p>\n<p>Los habitantes de R\u00edo Quito recibieron una de las\u00a0\u00faltimas amenazas a mediados de febrero de 2018. Estaba firmada por un grupo de disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). \u201cLos invitamos a hacer parte de este ej\u00e9rcito proletario y campesino que nos permite defendernos del r\u00e9gimen criminal y sanguinario\u201d, advert\u00edan en un folleto.<\/p>\n<p>Aunque su presencia no ha sido tan notable como la de los grupos paramilitares o de las bandas criminales, el oro tambi\u00e9n ha representado un mecanismo para incrementar los ingresos de estos grupos guerrilleros. Tener el control del territorio, adem\u00e1s, siempre ha resultado un asunto clave para cualquier actor armado: la cercan\u00eda de aquella zona con el Oc\u00e9ano Pac\u00edfico la han convertido en un corredor privilegiado para el tr\u00e1fico de coca\u00edna.<\/p>\n<p class=\"rtecenter\">Se dice en la regi\u00f3n que por cada draga se ganan unos 45 millones de pesos al mes, repartidos en 15 operarios. En un recorrido por el r\u00edo Quito, las dragas abandonadas son paisaje. Solo en 2017, el Ej\u00e9rcito de Colombia bombarde\u00f3 cerca de 40. Foto: Sergio Silva Numa.<\/p>\n<h2><strong>El punto de no retorno<\/strong><\/h2>\n<p>Thomas Lovejoy es una de las personas con m\u00e1s autoridad para hablar sobre la Amazonia. Desde que 1965 empez\u00f3 a estudiar como bi\u00f3logo esa selva en Brasil, su voz y sus estudios, que mostraban c\u00f3mo se estaba fragmentando ese ecosistema, toman ahora m\u00e1s fuerza. Hoy, despu\u00e9s de haber sido asesor en temas de biodiversidad en el Smithsonian, la ONU y el Banco Mundial, es profesor de la Universidad George Manson, en Estados Unidos. \u201cEl padrino de la biodiversidad\u201d, lo llaman algunos.<\/p>\n<p>A finales de febrero de 2018 Lovejoy public\u00f3 un breve art\u00edculo en la revista Science Advances. En \u00e9l lanzaba una alerta inquietante: la Amazonia est\u00e1 acerc\u00e1ndose a un punto de no retorno. Sus c\u00e1lculos indicaban que, en los \u00faltimos 50 a\u00f1os, toda esa regi\u00f3n compartida por nueve pa\u00edses hab\u00eda perdido el 17% de la vegetaci\u00f3n. En caso de que esa cifra llegara a 20%, advert\u00eda, ese bosque dejar\u00e1 de ser sostenible. Las primeras consecuencias, relacionadas con el ciclo hidrol\u00f3gico, las sentir\u00e1n los habitantes del Cono Sur.<\/p>\n<p>\u201cLa voluntad de preservar la Amazonia no se refleja en acciones pol\u00edticas\u201d, sentenciaba Lovejoy. El texto tambi\u00e9n lo firmaba Carlos Nobre, otro de los investigadores que m\u00e1s ha indagado sobre este ecosistema. Los dos cient\u00edficos hac\u00edan referencia a que, si no se hacen mayores esfuerzos para frenar fen\u00f3menos como la tala indiscriminada, este ecosistema terminar\u00e1 convertido en una \u201cextensa sabana\u201d.<\/p>\n<blockquote><p>Los c\u00e1lculos de Thomas Lovejoy indican que en los \u00faltimos 50 a\u00f1os la Amazon\u00eda ha perdido el 17% de sus bosques.<\/p><\/blockquote>\n<p>Desde que se firm\u00f3 el acuerdo de paz con las FARC en noviembre de 2016, en Colombia cada vez hay m\u00e1s rastros de la p\u00e9rdida de estos bosques. Parad\u00f3jicamente, a la par que las tropas abandonaban las selvas para iniciar un proceso de reintegraci\u00f3n a la vida civil, los rugidos de las motosierras y los incendios se multiplicaron en la Amazon\u00eda.<\/p>\n<p>Las cifras del Instituto de Hidrolog\u00eda, Meteorolog\u00eda y Estudios Ambientales (Ideam) son contundentes: el 70% de la deforestaci\u00f3n se concentra en la Amazon\u00eda y, desde la salida de las milicias, aument\u00f3 44%. Los municipios donde m\u00e1s bosques se destruyen son tambi\u00e9n municipios donde la guerrilla se refugi\u00f3 por muchas d\u00e9cadas: San Vicente del Cagu\u00e1n y Cartagena del Chair\u00e1, en Caquet\u00e1; La Macarena, en Meta; Puerto Guzm\u00e1n y Puerto As\u00eds, en Putumayo, y San Jos\u00e9 del Guaviare, en Guaviare.<\/p>\n<p>En dos de esos municipios que eran controlados por las FARC aterrizamos en junio de 2015, cuando el inicio del proceso de paz con las Farc estaba pr\u00f3ximo a cumplir tres a\u00f1os. Luego de volar m\u00e1s de una hora en una fr\u00e1gil avioneta de cinco puestos, llegamos a \u201cUribe\u201d. No muy lejos del \u00e1rea urbana estaba Casa Verde, un campamento hist\u00f3rico de la guerrilla en el que se hab\u00edan iniciado varios intentos de paz en los a\u00f1os ochenta, pero que el Gobierno decidi\u00f3 bombardear tras los m\u00faltiples tropiezos.<\/p>\n<p>En esa calurosa ma\u00f1ana de junio, Alirio nos cont\u00f3 los detalles de c\u00f3mo se escuchaban desde su casa las balas y los bombazos. Se re\u00eda a carcajadas. Ten\u00eda entonces 60 a\u00f1os y, como la mayor\u00eda de habitantes, hab\u00eda llegado a esa regi\u00f3n persiguiendo riquezas cuando a\u00fan era un adolescente. Le tocaron todas las bonanzas: pieles de tigrillo, que de alguna manera equival\u00edan a tr\u00e1fico de especies, madera, marihuana, coca y ganado.<\/p>\n<p>Era un colono viviendo en el Parque Nacional Natural Tinigua. Pero con el tiempo hab\u00eda aprendido que no pod\u00eda continuar siendo parte de una cadena que estaba destruyendo la selva. \u201cHoy tenemos reglas claras: ya no dejamos colonizar y est\u00e1 prohibido talar m\u00e1s de 10 hect\u00e1reas anuales\u201d, nos dijo. Con frescura reconoc\u00eda que las FARC hab\u00edan ideado un mecanismo para proteger los recursos naturales. Desde que ese grupo guerrillero hab\u00eda entrado en la regi\u00f3n hab\u00eda implantado un riguroso mecanismo para evitar la sobreexplotaci\u00f3n del bosque. Todos los campesinos deb\u00edan obedecerlos. Incumplirlos significaba multas y, en ocasiones, la expulsi\u00f3n del territorio.<\/p>\n<blockquote><p>El 70% de la deforestaci\u00f3n en Colombia se concentra en la Amazon\u00eda y, desde la salida de las FARC, esta aument\u00f3 44%.<\/p><\/blockquote>\n<p>Mientras vol\u00e1bamos de Uribe a La Macarena en otra avioneta que amenazaba con derrumbarse con cada corriente de aire, era posible ver una selva tupida en la que viv\u00edan campesinos como Alirio. Cualquier ausencia de bosque, por peque\u00f1a que fuera, era notable en medio de esa vast\u00edsima de vegetaci\u00f3n. Eran m\u00e1s de 3 millones 800 mil hect\u00e1reas en las que se un\u00edan cuatro Parques Nacionales: Tinigua, Picachos, Sierra de La Macarena y Sumapaz. Un \u00e1rea tan grande en la que podr\u00eda caber Suiza entera.<\/p>\n<p class=\"rtecenter\">El equivalente a 7.000 canchas de f\u00fatbol se tal\u00f3 en los ahora pastizales en el Parque Nacional Natural Tinigua en el curso de tan solo tres meses. La conexi\u00f3n entre los Andes, la Orinoquia y la Amazonia peligra por cuenta de la deforestaci\u00f3n y nuevas fincas en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los puntos blancos sobre el bosque que notamos ese d\u00eda se han multiplicado en el \u00faltimo a\u00f1o. La salida de las FARC de aquellos territorios motiv\u00f3 a nuevos actores a apropiarse de la tierra de manera ilegal. Rodrigo Botero, director de la Fundaci\u00f3n para la Conservaci\u00f3n y el Desarrollo Sostenible (FCDS), lo confirma con unas cifras crudas: el llamado \u201cCintur\u00f3n Verde\u201d, una franja creada para intensificar la protecci\u00f3n, perdi\u00f3 90 mil hect\u00e1reas entre 2017 y 2018. A ese ritmo de p\u00e9rdida de bosques, las 2 millones 500 mil hect\u00e1reas de preservaci\u00f3n, no resistir\u00e1n ni siquiera tres d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son los motivos que se ocultan tras esta realidad? \u00bfQui\u00e9nes son los culpables del desastre ambiental? \u00bfPor qu\u00e9 es tan dif\u00edcil frenarlo?<\/p>\n<p>Los registros satelitales de Botero muestran que en 2017 la ganader\u00eda deforest\u00f3 m\u00e1s de un mill\u00f3n y medio de hect\u00e1reas de bosques. Un a\u00f1o antes, nuevos grupos ilegales hab\u00edan arrasado con 3.235 hect\u00e1reas para reemplazarlas por plantaciones de hoja de coca. En ese mismo periodo los incendios aceleraron la destrucci\u00f3n de otras \u00e1reas: en los primeros tres meses de 2018 se reportaron 2.900. Declarar \u201ccalamidad p\u00fablica\u201d fue la \u00fanica alternativa de los dirigentes locales para llamar la atenci\u00f3n del Gobierno.<\/p>\n<p>Aunque las vacas y la coca parecen estar haciendo un gran aporte para superar el l\u00edmite que traz\u00f3 Lovejoy y Carlos Nobre, hay otra causa inquietante. A medida que se retiraron los fusiles de las FARC, empez\u00f3 un acaparamiento de tierras que nadie predec\u00eda. Jos\u00e9 Yunis Mebarak, director de Visi\u00f3n Amazon\u00eda, la iniciativa que cre\u00f3 Colombia para cumplir la promesa de reducir a cero la deforestaci\u00f3n en la regi\u00f3n en 2020, resumi\u00f3 lo que suced\u00eda en un texto publicado en el peri\u00f3dico El Espectador en marzo del 2018:<\/p>\n<p>\u201cEstamos presenciando un arboricidio, un animalicidio. Se fue la ideolog\u00eda, entr\u00f3 el capital. Hay un frenes\u00ed por tierras baratas. Estamos destruyendo con tanta desfachatez, soltura y fiereza que ni siquiera aprovechamos la madera. Simplemente vamos quemando todo. Si eres pudiente, compras veredas completas y mandas deforestar 200 a 500 hect\u00e1reas de una sola aserrada. Si eres humilde, de 1 a 15 hect\u00e1reas (\u2026) El Guaviare tiene el mismo tama\u00f1o de Costa Rica, 5,5 millones de hect\u00e1reas. A diferencia de ese pa\u00eds, no lo pueblan cinco millones sino apenas 120.000 personas. Sin embargo, ya quem\u00f3 y convirti\u00f3 500.000 hect\u00e1reas de selva en pastizales donde pastan 250.000 reses y su ambici\u00f3n y plan es seguir tumbando, ojal\u00e1 otras 400.000 o 1 mill\u00f3n de hect\u00e1reas, para poner principalmente vacas y uno que otro cultivo, quiz\u00e1s de caucho o cacao\u201d.<\/p>\n<h2><strong>El millonario negocio de incendiar los bosques<\/strong><\/h2>\n<p>Deben haber sido un par de a\u00f1os dif\u00edciles para Luis Gilberto Murillo, el \u00faltimo ministro de Ambiente del Gobierno de Juan Manuel Santos.\u00a0Desde que asumi\u00f3 su cargo\u00a0en abril de 2016, una de sus principales tareas era cumplir el pacto que el pa\u00eds hab\u00eda firmado meses antes en la Cumbre de cambio clim\u00e1tico de Par\u00eds. El pa\u00eds se hab\u00eda comprometido a lograr una tasa de deforestaci\u00f3n cero en la Amazon\u00eda y, a cambio, Alemania, Reino Unido y Noruega le dar\u00edan US$ 100 millones. La meta, dijo en febrero de 2018 el mismo Murillo, ser\u00e1 imposible de cumplir. Como alternativa propuso extender el plazo hasta 2022 o 2025.<\/p>\n<p>El anuncio lo hizo cuando buena parte de la regi\u00f3n amaz\u00f3nica ard\u00eda en llamas. En Guaviare, el mismo departamento que le inquietaba a Jos\u00e9 Yunis, el fuego hab\u00eda devorado cerca de 20 mil hect\u00e1reas. En La Sierra de La Macarena acab\u00f3 con otras 1.035. Para Murillo, a diferencia de lo que suced\u00eda en su natal Choc\u00f3 \u2013donde la miner\u00eda ilegal estaba destruyendo los bosques- en el sur del pa\u00eds hab\u00eda fuerzas a\u00fan m\u00e1s poderosas detr\u00e1s de las quemas.<\/p>\n<p>\u201cTumbar y quemar un bosque puede costar entre 333 y 1.000 d\u00f3lares. Un campesino no puede pagar eso\u201d, advert\u00eda. De acuerdo con el Instituto Amaz\u00f3nico de Estudios Cient\u00edficos (SINCHI), en la segunda semana de febrero de 2018 ya hab\u00eda 2.035 incendios extendi\u00e9ndose en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Las hip\u00f3tesis para explicar por qu\u00e9 est\u00e1n incendiando los bosques del sur colombiano son m\u00faltiples. Una de las personas que m\u00e1s ha tratado de entender esos motivos es Dolores Armenteras. Catalana, bi\u00f3loga y ge\u00f3grafa, desde hace unos 15 a\u00f1os ha centrado su trabajo en comprender las razones detr\u00e1s de las quemas.<\/p>\n<p>En 2013, despu\u00e9s de cruzar muchos datos y analizar im\u00e1genes satelitales, public\u00f3 un estudio que dio luces sobre lo que hab\u00eda sucedido en aquella regi\u00f3n a lo largo de una d\u00e9cada. Junto con Liliana D\u00e1valos, bi\u00f3loga de la Stony Brook University; Jennifer Holmes, economista de la Universidad de Texas; y Nelly Rodr\u00edguez, ingeniera forestal, concluyeron que los m\u00faltiples incendios hab\u00edan sido motivados por la adquisici\u00f3n de tierras. Tras comprobar que el n\u00famero de reses no hab\u00eda aumentado entre 2000 y 2009 y que el valor de la carne hab\u00eda permanecido constante, la hip\u00f3tesis de que el ganado era el principal culpable de la destrucci\u00f3n de la Amazonia se derrumb\u00f3.<\/p>\n<p class=\"rtecenter\">Seg\u00fan el Ministerio de Medio Ambiente, la principal causa de la deforestaci\u00f3n en Colombia es el acaparamiento de tierras. Hay varias explicaciones: que hace parte de la cultura del colono, que hay manos negras de testaferros o que la ganader\u00eda est\u00e1 detr\u00e1s del fen\u00f3meno. Pero a\u00fan no hay culpables. Foto de Rodrigo Botero.<\/p>\n<p>Su investigaci\u00f3n m\u00e1s reciente arroj\u00f3 otra conclusi\u00f3n inquietante. Luego de comparar datos satelitales de Venezuela, Colombia, Ecuador, Per\u00fa y Brasil, recopilados a lo largo de 12 a\u00f1os, Armenteras observ\u00f3 que hay otro factor que incide en la propagaci\u00f3n del fuego en la Amazonia: la construcci\u00f3n de v\u00edas de comunicaci\u00f3n. Carreteras, esencialmente.<\/p>\n<p>Un hecho resume el papel de las autoridades en la fiscalizaci\u00f3n de los bosques: luego de la publicaci\u00f3n de un informe period\u00edstico sobre ese escenario desolador el 2016, recibimos una llamada de la Unidad de Delitos Ambientales de la Fiscal\u00eda. Una funcionaria explic\u00f3 al autor del reportaje que no ten\u00edan ni idea sobre lo que estaba pasando con las carreteras ilegales y quer\u00edan empezar a reunir pistas. El periodista iba a ser una de sus fuentes.<\/p>\n<p>Si la destrucci\u00f3n no se detiene, los datos de la Fundaci\u00f3n para la Conservaci\u00f3n y el Desarrollo Sostenible sostienen que la p\u00e9rdida de bosque natural el 2020 crecer\u00e1 200%. La epidemia de la deforestaci\u00f3n seguir\u00e1 su rumbo sin que nadie la pueda contener.<\/p>\n<\/div>\n<p>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Tomado de:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.elespectador.com\/node\/815320\">https:\/\/www.elespectador.com\/node\/815320<\/a>[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]<\/p>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][vc_column_text] Publicado en: El Espectador 30 de Septiembre de 2018 Por: Sergio Silva Numa \/ Helena Calle &nbsp; [\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text] El 70% de la deforestaci\u00f3n en este pa\u00eds se concentra en la Amazon\u00eda y, desde la salida de las FARC, esta aument\u00f3 44%. Un equipo period\u00edstico viaj\u00f3 a algunas regiones y document\u00f3 c\u00f3mo la miner\u00eda ilegal&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":299,"featured_media":6319,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-6318","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-radar","category-2","description-off"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6318","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/299"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6318"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6318\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6324,"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6318\/revisions\/6324"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6319"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6318"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6318"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.raisg.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6318"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}