“Donde hay territorios indígenas titulados, hay más bosque y más carbono”

Compartir

Mario Osorio, coordinador para el Perú del Proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía desarrollado por la RAISG, señala que integrar datos científicos con conocimiento local no solo fortalece la gobernanza amazónica, sino que también posiciona a los pueblos indígenas – especialmente a sus jóvenes líderes –  como actores decisivos en la acción climática global.

Mario Osorio, coordinador para el Perú del proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía desarrollado por la RAISG señala, en la siguiente entrevista, el valor de integrar la ciencia con el conocimiento ancestral para enfrentar el cambio climático.

Explica que la generación de datos sobre carbono, combinada con la experiencia de los pueblos indígenas en la gestión de sus territorios, evidencia que donde existen derechos territoriales reconocidos hay menor deforestación y mayores reservas de carbono. Además, resalta la importancia de traducir estos hallazgos en mensajes claros para incidir en la toma de decisiones y fortalecer la gobernanza territorial.

En este proceso, los voceros indígenas —especialmente los jóvenes— cumplen un papel clave al apropiarse de la información y comunicar desde sus propias experiencias, conectando las problemáticas locales con los desafíos globales y posicionando a los pueblos indígenas como actores fundamentales en la acción climática.

¿En qué consistió su trabajo en el proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía desarrollado por la RAISG?

Me incorporé al proyecto en 2025 como coordinador nacional del Proyecto Ciencia y Saber Indígena en la Amazonía peruana, desde el Instituto del Bien Común, socio de un consorcio de varias ONG que trabajan en toda la cuenca amazónica.

Mi rol como coordinador fue asegurar la gestión e implementación de las actividades a nivel nacional, vinculadas a la generación de datos sobre carbono, el trabajo en paisajes de acción local (PAL) – en el caso de Perú, el territorio Kakataibo – , así como el desarrollo de estrategias de comunicación e incidencia.

Todos estos componentes tienen un enfoque regional con los distintos socios, pero también implican articular la información recogida a nivel nacional – tanto de los PAL como de los análisis de carbono –  con las políticas nacionales, los compromisos de cada Estado (NDC) y su traducción en mensajes clave para la comunicación y la incidencia a nivel nacional y regional.

¿Qué resultados tuvo el proyecto?

El proyecto fue diseñado con cuatro componentes clave: la producción de datos sobre el carbono presente en bosques y territorios indígenas, así como sus proyecciones futuras, el diálogo con el saber indígena y los actores en territorio, y la difusión y posicionamiento político del conocimiento generado, considerando la importancia de esta información para la estabilidad climática global.

Sin embargo, puede simplificarse en dos grandes aspectos. El primero es el diálogo intercultural orientado a generar información y evidencia para apoyar o, más precisamente, incidir en políticas de gestión territorial en el contexto del cambio climático.

¿Cuál fue el objetivo principal de este trabajo?

El objetivo es posicionar demandas que promuevan un ordenamiento territorial con estabilidad climática, basado en evidencia rigurosa, generada mediante procesos científicos, pero que también integran el conocimiento local de los pueblos indígenas.

¿Podrías dar algunos ejemplos concretos?

Mientras los científicos generaban información sobre la presencia y dinámica del carbono —es decir, dónde hay más y dónde hay menos—, esta se traducía en la importancia de defender determinados territorios.

En el caso del PAL Kakataibo, las comunidades enfrentan invasiones de colonos, monocultivos como la palma aceitera, expansión de cultivos de coca, nuevas amenazas como la minería y la falta de atención a sus demandas de titulación.

Los mapas muestran patrones claros: en las áreas donde las comunidades tienen territorios titulados y derechos reconocidos, hay menos deforestación y mayores reservas de carbono. En cambio, en zonas donde aún está pendiente la titulación, hay más invasiones, menor cobertura boscosa y menor concentración de carbono.

Mencionaste que el proyecto puede resumirse en ideas fuerza. ¿Cuáles serían?

Un objetivo central es la generación de evidencia a partir de la articulación entre ciencia y saber indígena.

Esto implica integrar el trabajo de especialistas que utilizan tecnología compleja —como imágenes satelitales y algoritmos— con el conocimiento indígena, que se construye en tiempo real en los territorios y le da sentido a esos datos.

Los datos pueden mostrar, por ejemplo, la pérdida de cobertura boscosa en un periodo determinado, pero el conocimiento local aporta la memoria del territorio y las estrategias que las comunidades desarrollan para enfrentar invasiones o la expansión de actividades agropecuarias. Eso es lo que le da sentido a la información.

El desafío fue generar un espacio común de diálogo. La tecnología debe ser comprendida no solo por especialistas, sino también por quienes no tienen formación técnica. Por ello, se trabaja con técnicos, líderes indígenas y voceros que traducen esos datos a realidades concretas.

¿Cómo se traduce este conocimiento en incidencia política?

El siguiente paso es llevar esta comprensión —basada en datos científicos e interpretación local— hacia quienes toman decisiones.

La explicación que dan los pueblos indígenas sobre sus modelos de gestión territorial debe difundirse y formar parte de la agenda pública. Para ello, es clave traducir esta información en mensajes claros.

Luego viene la incidencia: acercarse a los tomadores de decisiones, presentar la evidencia y plantear la necesidad de mejorar o cambiar políticas.

En este proceso, la comunicación cumple un rol fundamental. Se desarrollan productos como mapas de carbono y herramientas que muestran las acciones de los pueblos indígenas, los cuales sirven de base para el trabajo de incidencia.

¿Qué rol cumplen los voceros indígenas en este proceso?

Los voceros indígenas son fundamentales. No basta con generar información; es necesario que los propios pueblos se apropien de ella y construyan un discurso propio.

El valor diferencial del proyecto está en dos aspectos: generar datos rigurosos y que sean los propios indígenas quienes los comuniquen, desde su experiencia y perspectiva territorial.

¿Cómo evalúa el trabajo de los jóvenes líderes indígenas?

Los pueblos indígenas han avanzado significativamente en su fortalecimiento organizativo y en sus estrategias de comunicación. Los jóvenes, en particular, tienen mayor facilidad para usar herramientas tecnológicas y redes sociales, además de contar con mayor acceso a educación formal.

Su participación aporta un valor adicional, ya que la agenda climática está orientada al futuro —2030, 2050—, lo que los involucra directamente como generación. Por ello, su presencia en espacios de discusión es clave.

¿Por qué es importante que ellos sean quienes comuniquen estos mensajes?

Porque son ellos quienes construyen y transmiten un discurso propio, basado en su experiencia y en el trabajo conjunto con sus comunidades y organizaciones.

No solo comunican datos sobre carbono, sino que evidencian que su lucha es por sus territorios y, al mismo tiempo, por el bienestar global.

Logran conectar lo local con lo global, visibilizando su rol dentro de una red de liderazgos indígenas y en una comunidad global que apuesta por el ordenamiento territorial, la gobernanza ambiental, la protección de derechos y la conservación de la diversidad cultural y natural en beneficio de toda la humanidad.

 

El proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía fue implementado entre 2021 y 2025 en consorcio con la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) y Woodwell Climate Research Center (WCRC), con financiamiento de la Iniciativa Internacional de Clima y Bosques de Noruega (NICFI). El proyecto generó conocimiento científico e indígena integrado sobre la dinámica del carbono y la gobernanza en Territorios Indígenas (TI) y Áreas Naturales Protegidas (ANP).»