La creciente presión que enfrenta la Amazonía por efecto del cambio climático y las actividades humanas fue uno de los temas centrales de la participación de Nicole Moreno, jefa de proyectos del Instituto del Bien Común (IBC) y líder del Proyecto Humedales Amazónicos de RAISG, durante la Semana de Aguas Amazónicas, espacio que reunió a especialistas e instituciones comprometidas con la gestión sostenible del agua en la cuenca amazónica.
Durante su presentación, Moreno compartió los principales resultados del proyecto regional desarrollado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), el cual busca fortalecer la conservación y gestión de los humedales amazónicos mediante información científica de alcance regional.
Entre los hallazgos presentados destaca que 18,6 millones de hectáreas de humedales muestran una tendencia de pérdida de agua superficial entre 1985 y 2020, mientras que 21 millones de hectáreas fueron afectadas por la reducción de precipitaciones durante 2020, evidenciando una creciente señal climática hacia una Amazonía más seca y cálida.
Asimismo, el análisis muestra que el incremento de aproximadamente 1 °C en la temperatura superficial, junto con la alteración de los pulsos naturales de inundación provocados por eventos climáticos extremos, está incrementando la vulnerabilidad de estos ecosistemas.
Uno de los principales aportes del proyecto corresponde al desarrollo de un modelo regional para identificar áreas prioritarias de conservación, el cual clasifica los humedales según su estado ecológico y nivel de riesgo. Esta herramienta permite orientar estrategias diferenciadas que van desde la conservación preventiva hasta intervenciones urgentes de restauración.
Los resultados también advierten que, dentro de las aproximadamente 22 millones de hectáreas de humedales ubicadas en sitios Ramsar, cerca del 17 % requiere medidas de intervención urgente o acciones intensivas de restauración, debido a su elevado nivel de vulnerabilidad.
Como parte del análisis prospectivo, se presentó un escenario que simula un evento severo de El Niño agravado por el cambio climático, caracterizado por una disminución de las precipitaciones, aumento de la temperatura, reducción del agua superficial, mayor riesgo de incendios y menor disponibilidad de agua para las poblaciones y la biodiversidad amazónica.
En ese contexto, Moreno destacó la importancia de comprender que los humedales constituyen la infraestructura natural que sostiene la conectividad ecológica de la Amazonía.
“Si queremos conservar los grandes bagres amazónicos, primero debemos conservar los humedales que hacen posible su existencia. Porque al proteger los humedales no solo protegemos una especie: protegemos la conectividad ecológica, los servicios ecosistémicos y el futuro de la Amazonía.”
La participación de RAISG en la Semana de Aguas Amazónicas reafirma el compromiso de la red y de sus organizaciones miembros con la generación de conocimiento científico para fortalecer la toma de decisiones, las políticas públicas y las estrategias de conservación que permitan garantizar la resiliencia de los humedales amazónicos frente a los desafíos del cambio climático.



