“Cuando los jóvenes indígenas toman la palabra, la Amazonía se hace escuchar”

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La geógrafa ecuatoriana y especialista en cambio climático, Sandra Terán Revelo, explica cómo un proceso de más de cuatro años, a través del proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía desarrollado por la RAISG,  permitió que jóvenes indígenas amazónicos comprendan datos complejos sobre carbono, se conviertan en voces influyentes para sus comunidades y participen en la cumbre climática más importante del mundo, la 30° Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP30). 

 

Sandra Terán Revelo es geógrafa ecuatoriana y especialista en cambio climático, con más de una década de experiencia en gobernanza territorial y monitoreo socioambiental en la Amazonía. Como coordinadora de proyectos de la Fundación EcoCiencia, ha liderado iniciativas que integran ciencia, tecnología geoespacial y conocimiento indígena para evidenciar la deforestación y las presiones extractivas en la región. Sin embargo, uno de los logros más significativos de su trayectoria reciente ha sido capacitar a jóvenes líderes indígenas para que comprendan datos complejos sobre el carbono y participen como voceros de su comunidad en la 30° Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP30), en Belém (Brasil).

 

En la siguiente entrevista explica cómo se logró que jóvenes indígenas de Perú, Ecuador, Colombia y Brasil se conviertan en voceros capaces de incidir en las negociaciones climáticas y que su voz sea escuchada por líderes globales.

 

Usted como ex coordinadora técnica del proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía para Ecuador, impulsado por la RAISG,  puede contarnos ¿Cómo nace este proceso que llevó a jóvenes indígenas a participar como voceros de sus pueblos en la 30° Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP30)?

El proyecto buscó generar datos sobre el carbono forestal. Posteriormente contempló aterrizar esos datos en un área piloto (para Ecuador fue en el territorio Waorani) y tratar de traducir esos datos a un lenguaje común para que puedan ser compartidos en territorios indígenas. Ahí surgió el reto: cómo traducir ese conocimiento a las comunidades y que las puedan comunicar.

 

¿Cuál fue la principal dificultad en ese proceso?

El mayor desafío fue bajar un tema altamente técnico con datos abstractos que lo hacían complejo y llevarlos a un lenguaje comprensible en territorios donde, además, el español muchas veces no es la lengua principal. Explicar qué es el carbono y cómo se relaciona con su vida cotidiana fue un proceso largo.

 

¿Cómo pasaron de lo técnico a la vocería?

Primero se trabajó en capacitación técnica. Pero luego nos dimos cuenta de que no bastaba con generar datos: había que generar incidencia. Entonces apostamos por formar voceros, y decidimos hacerlo con jóvenes, no solo con dirigentes tradicionales.

 

¿Por qué enfocarse en jóvenes?

Porque los dirigentes ya suelen tener experiencia en estos espacios. El reto era formar nuevas voces. Jóvenes que no necesariamente conocían la COP ni las negociaciones climáticas, pero que podían aprender y representar a sus territorios.

 

¿Cómo fue ese proceso de formación en vocería?

Fue complejo. No solo debían entender conceptos técnicos, sino también aprender a comunicar, hablar en público y posicionar mensajes. Partimos de sus propias realidades: problemas como el petróleo, minería o invasiones. Desde ahí conectamos esos temas con el carbono y el cambio climático.

 

¿Qué permitió que los jóvenes realmente se apropien del mensaje?

Cuando lograron vincular los datos con lo que viven en sus territorios. Por ejemplo, entender que la deforestación por actividades extractivas implica pérdida de carbono, y que eso debe traducirse en demandas concretas, como compensaciones o cumplimiento de acuerdos.

 

¿Qué significó verlos en la 30° Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP30)?

Fue lo más enriquecedor. Verlos hablando en espacios públicos, con seguridad, sobre temas complejos que antes no conocían. No repitiendo discursos, sino construyendo los suyos propios desde su experiencia.

 

Los jóvenes líderes indígenas presentaron y firmaron un manifiesto ante la OTCA y se movilizaron en la Marcha mundial por el clima. ¿Qué mensaje contenía el manifiesto, a qué se comprometían y por qué fue tan relevante para los jóvenes? 

El manifiesto que presentaron los jóvenes líderes indígenas ante la OTCA no fue únicamente una declaración simbólica, sino un posicionamiento político construido desde evidencia y experiencia territorial.

 

El mensaje central del manifiesto gira en torno a tres elementos clave: 1) Reconocimiento del rol de los territorios indígenas como pilares de la estabilidad climática, sustentado en evidencia que demuestra su alta capacidad de almacenamiento y conservación de carbono. 2) Exigencia de acceso directo a financiamiento climático, superando los actuales mecanismos que limitan la llegada de recursos a nivel territorial. Y 3) garantía de derechos, incluyendo la autodeterminación y el consentimiento libre, previo e informado (CLPI) en la implementación de políticas climáticas y mecanismos como REDD+.

 

¿Y cuál es el rol de los jóvenes?

El manifiesto implicó un compromiso por parte de los jóvenes de continuar fortaleciendo su rol como voceros, articulando conocimiento técnico con demandas territoriales, y posicionando sus agendas en espacios internacionales.

Su relevancia radica en que no fue un discurso intermediado. Por primera vez, jóvenes indígenas lograron traducir datos complejos sobre carbono y cambio climático en mensajes políticos propios, conectando directamente la evidencia científica con las realidades de sus territorios.

 

¿Y la participación en la Marcha Mundial por el Clima…?

Refuerza este proceso, evidenciando que la participación indígena no se limita a espacios formales de negociación, sino que también se articula en acciones colectivas de visibilización y presión pública.

En ese sentido, el manifiesto marcó un punto de inflexión: los jóvenes dejan de ser participantes y pasan a ser actores políticos en la gobernanza climática global.

 

Pensando en la COP 31, cuáles son los nuevos objetivos para trabajar y que se busca hacer con los jóvenes líderes en el camino hacia la nueva próxima Cumbre? 

De cara a la COP31, el proceso con jóvenes líderes indígenas entra en una nueva fase que ya no es de formación inicial, sino de consolidación estratégica de incidencia.

Los objetivos principales deberían enfocarse en: fortalecer capacidades técnicas avanzadas, especialmente en temas como financiamiento climático, mercados de carbono y mecanismos de política internacional. 

Consolidar vocerías con posicionamiento político claro, alineadas a agendas territoriales y regionales. Y asegurar la participación efectiva en espacios de negociación, no solo como observadores, sino como actores con capacidad de incidencia.

En este proceso, el rol de los jóvenes debe evolucionar hacia interlocutores entre territorio y espacios globales y ser traductores de evidencia científica en demandas políticas.

 

¿Cuáles deberían ser los retos hacia la COP31?

Cerrar la brecha entre evidencia y toma de decisión. Existe suficiente información técnica, pero aún limitada traducción en políticas efectivas y financiamiento directo. 

Evitar la participación simbólica. El desafío es que la presencia indígena no sea únicamente representativa, sino vinculante en procesos de decisión. 

Fortalecer mecanismos de financiamiento directo. Sin acceso a recursos, la implementación territorial de soluciones climáticas seguirá siendo limitada. 

Y sostener procesos en el tiempo. La formación de voceros no puede depender de proyectos puntuales; requiere continuidad institucional. 

 

Como coordinadora técnica del proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía para Ecuador desarrollado por la RAISG ¿Qué hallazgos relevantes dejó el proyecto que concientizaron a los jóvenes?

Se confirmó que los territorios indígenas son los que más carbono capturan y almacenan. Sin embargo, también se evidenció que esta capacidad está disminuyendo debido a presiones como la actividad petrolera y minera, impulsadas por políticas extractivas.

Ahora los territorios indígenas funcionan incluso mejor que muchas áreas naturales protegidas. A pesar de tener menos recursos, presentan menores niveles de pérdida de carbono, gracias a su gobernanza propia y control territorial.

 

¿A qué se debe esa mayor efectividad?

Principalmente a la autodeterminación y a sus sistemas propios de gobernanza. Las comunidades gestionan y vigilan sus territorios, enfrentan presiones y amenazas como la deforestación o actividades ilegales, y toman decisiones directamente desde sus propios gobiernos indígenas y sus dirigencias . Esto fortalece la conservación de los bosques y del carbono que almacenan.

 

Volviendo al tema de la vocería de los jóvenes líderes indígenas ¿Qué papel juegan en todo esto?

Es fundamental. Pero no se puede improvisar. Detrás hay años de trabajo técnico, de confianza y de aprendizaje. 

 

¿Qué lecciones le deja esta experiencia?

Que los datos por sí solos no generan impacto. Hay que traducirlos, apropiarnos y convertirlos en herramientas de decisión. Y que los verdaderos tomadores de decisiones también están en los territorios. Cuando los jóvenes indígenas toman la palabra, la Amazonía se hace escuchar.

 

El proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía fue implementado entre 2021 y 2025 en consorcio con la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) y Woodwell Climate Research Center (WCRC), con financiamiento de la Iniciativa Internacional de Clima y Bosques de Noruega (NICFI). El proyecto generó conocimiento científico e indígena integrado sobre la dinámica del carbono y la gobernanza en Territorios Indígenas (TI) y Áreas Naturales Protegidas (ANP).”