“El programa de vocería del Proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía se fijó en nosotros, que somos autoridades y representantes de nuestros pueblos. Eso a mí me encantó”

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Carlos Lozano, joven líder kichwa del distrito de Chazuta, región San Martín, reflexiona sobre la importancia del proyecto desarrollado por la RAISG, en especial, lo que significó para él, la capacitación en el programa de vocería que le permite llevar la voz de la Amazonía a espacios como la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático.

 

Carlos Davis Lozano Suarez, es un joven líder kichwa del distrito de Chazuta, región San Martín, Perú. Llevó la voz de los pueblos indígenas a la 30° Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP30) en Brasil, luego de haber sido capacitado en vocería por el Proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía desarrollado por la RAISG y el Woodwell Climate Research Center.

Carlos Lozano es un dirigente del Consejo Territorial de las Comunidades Kichwas Amazónicas del Bajo Huallaga – CEKABH, y forma parte de la estructura indígena liderada por la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), organización internacional que representa a más de 500 pueblos indígenas en 9 países de la cuenca amazónica. 

Tiene 25 años, es arquitecto de profesión y, desde los 13, levanta su voz en defensa de los pueblos indígenas, la Amazonía y la juventud del Bajo Huallaga. ¿Qué representó para él el Proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía desarrollado por la RAISG y qué impacto tuvo en su vida?

“El proyecto se enfocó en crear datos y no se había pensado en una vocería indígena, pero luego lo incluyeron y eso resultó muy importante. Nosotros, lejos de ser solo dirigentes o líderes jóvenes activos, también somos autoridades. Yo, personalmente, he pasado por un montón de cargos de autoridad local, representando a miles de personas; y estas personas requieren de un informe mío. Cuando regreso a mi comunidad, les informo lo que aprendo en estos espacios. Si como proyecto investigas y concluyes que la Amazonía enfrenta una situación marcada por la deforestación y el cambio climático, ¿a quién le interesa saber esto? Claro, le interesa a la ciencia y a los Estados, pero ¿quiénes realmente aplican mecanismos y acciones para contrarrestarlo? Pues las personas que vivimos en la Amazonía, en los territorios donde enfrentamos estas situaciones.

 

¿Cómo tomaron el hecho de ser parte del Proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía desarrollado por la RAISG?

Ha sido una apuesta muy positiva el hecho de incorporarnos a este proyecto para conocer qué datos se han logrado recabar y, además, ser voceros. Para comunicarlo, también tuvimos que pasar por un proceso de formación: no solo para hablar ante la prensa, en entrevistas, podcast, redes sociales o videoconferencias, sino para enfrentar dificultades sin romantizar las cosas. Porque estamos acostumbrados a que se romantice: ‘soy un joven indígena, tengo estas oportunidades, mi vida es color de rosa’. No. En la vocería nos han dicho que enfrentaremos situaciones reales, incluso conflictos, persecuciones y hostigamiento de la prensa que puede intentar hacernos retroceder. Y el hecho de que nos mostraran esa realidad a mí me gustó, porque nadie me lo había enseñado.

Para mí ha significado una apuesta positiva, un buen camino para que los jóvenes que hemos participado podamos ver que el aprendizaje también se construye desde acciones y vivencias reales, y entender las dificultades que implica ser vocero. El programa de vocería se fijó en nosotros, que somos autoridades y representantes de nuestros pueblos. Eso a mí me encantó.

 

¿Cómo nace en ti el interés por ser un joven líder indígena?

Recuerdo que desde siempre he participado en asambleas de mi pueblo y siempre he enfrentado injusticias, pero la primera vez que asumí un cargo fue en el municipio escolar de mi colegio, y desde ahí he creado una sólida imágen no sólo discursos sino también en acciones. Mi familia tiene un historial dirigencial muy reconocido pero lastimosamente años antes de mi nacimiento, por razones comprensibles, han decidido no involucrarse en espacios políticos. Por ello digo que…

 

Se hereda…

Mi abuelo, a quien no conocí, fue asesinado en la época del terrorismo por ser dirigente. Luego, mi abuela tuvo otra pareja que también fue autoridad en una comunidad llamada Chale Pampa, que queda en el distrito de Chazuta, y también fue asesinado. Después de estos conflictos, mi familia dejó de participar en espacios de dirigencia.

Pero cuando yo tenía 11 o 12 años empecé a asistir a reuniones, a debatir, y ahí comenzó mi participación. Estudié mucho hasta que apareció una oportunidad. Trabajé tres meses por 100 soles mensuales, junté 300 soles y me fui a Tarapoto. Gané una beca y vine a estudiar a Lima. No fue fácil.  Muchos jóvenes indígenas sin oportunidades caen en drogas, pandillaje o prostitución. Yo me preguntaba qué sería de mi vida. 

 

¿Qué oportunidades tuviste en Tarapoto?

Di un examen sin saber de qué era, y resultó ser Beca 18 (concurso promovido por el Estado peruano que ofrece becas integrales a jóvenes con alto rendimiento académico y escasos recursos económicos). Quedé en primer puesto. 

A veces pienso qué hubiera sido de mi vida sin Beca 18. Incluso si hubiera ingresado a una universidad nacional, 300 soles no alcanzan. Yo logré pasar esa valla, pero no todos lo hacen. Vine a Lima y logré estudiar arquitectura en la Universidad Científica del Sur.

En las comunidades hay muchas dificultades económicas y académicas, además de conflictos. Cuando asesinan a un dirigente, los jóvenes ya no quieren ser líderes ni identificarse como indígenas. Se rompe el relevo generacional. 

 

¿Crees que tu experiencia como líder indígena joven puede inspirar a otros?

Claro, porque los jóvenes ven un referente. Yo me especialicé en proyectos socioambientales y logré generar mi propia economía relacionado con mi activismo. No es fácil ser dirigente y no tener ingresos económicos, muchas veces invertimos nuestro tiempo, nuestras metas, nuestro crecimiento personal y hasta el bienestar de nuestras familias, pero encontré un equilibrio en ese contexto.

Cuando haces eso, los jóvenes se inspiran. Antes nadie quería ser indígena. Ahora hay orgullo. Ser indígena ya no es sinónimo de pobreza, sino también de ser profesional, académico, de progresar. Ahora algunos estudiantes regresan a sus comunidades a apoyar, y otros profesionales que se habían alejado también vuelven.

Ser indígena no es solo llevar problemáticas, sino inspirar a los pueblos a salir adelante. Por eso me enfoco en los jóvenes, porque ellos pueden cambiar su futuro y el de sus familias.

 

En la COP también participaste en espacios internacionales de jóvenes. ¿Cómo fue esa experiencia?

Sí, ahí expresé nuestras visiones como pueblos indígenas, porque la mayoría de participantes son urbanos y no conocen la realidad rural.

 

Entonces, ¿sientes que le das voz y rostro a esa problemática?

Claro, porque la forma de pensar es totalmente diferente. Muchas soluciones se plantean desde lo que se conoce porque nuestra forma de vida es distinta. Por eso es necesario generar soluciones desde nuestra cosmovisión.

 

¿Podrías dar un ejemplo concreto?

Por ejemplo, en la protección del bosque. En las áreas naturales protegidas se contratan guardabosques para vigilar grandes extensiones, pero eso no funciona del todo.

En las comunidades, cada familia vive en su chacra. Cuando se tala un árbol, se escucha, la selva avisa. Luego, en la asamblea comunal, se informa y toda la comunidad va a verificar. Ahí se aplica justicia comunitaria porque un arbol caído rompe ciclos, altera sectores de caza y se pierde un generador de semillas y casa de varias especies más.

Esa es nuestra forma de vida, nuestro saber ancestral. Nosotros protegemos la Amazonía. Muchas veces, desde lo urbano no se entiende esto. Incluso en espacios internacionales se habla de alimentación o agricultura sin conocer la realidad del campo.

 

¿Cuáles son las amenazas ambientales que sigue enfrentando la comunidad? 

Actualmente, el tráfico de tierras y la extracción de madera. El gobierno está dando preferencia a cualquier persona o empresa que produce y destruye, antes que a las comunidades indígenas que luchan y protegen sus territorios por décadas. Si una empresa viene y dice “quiero este territorio para sacar toda la madera”, el gobierno le da facilidades. En cambio, si nosotros como pueblo indígena, vamos y decimos “queremos hacer una práctica sostenible”, nos cae toda la burocracia.

 

Ante estas experiencias ¿Cómo reaccionaban en la 30° Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP30)?

(Sonríe) Lo más interesante fue que pudimos construir nuestro propio manifiesto como voceros indígenas y pudimos entregarlo a la OTCA. Nos reunimos varias noches y redactamos nuestro manifiesto como voceros indígenas.

 

¿Qué planteaba ese manifiesto?

Planteaba la convivencia y el buen vivir: diálogo, cooperación, comprensión. También el respeto y la visibilización de los saberes indígenas, porque los pueblos indígenas protegemos la Amazonía, aunque la deforestación sigue avanzando.

 

¿Pensando en el futuro, qué se debería plantear en una COP31?

Como dirigentes, debemos concientizar, promover y mantener la cohesión comunitaria. Eso es lo más complejo, y eso es lo que llevamos y debemos seguir llevando a la COP para seguir trabajando por nuestras comunidades.

 

El proyecto Ciencia y Saber Indígena por la Amazonía fue implementado entre 2021 y 2025 en consorcio con la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) y Woodwell Climate Research Center (WCRC), con financiamiento de la Iniciativa Internacional de Clima y Bosques de Noruega (NICFI). El proyecto generó conocimiento científico e indígena integrado sobre la dinámica del carbono y la gobernanza en Territorios Indígenas (TI) y Áreas Naturales Protegidas (ANP).”